CASA GUANGUALÍUN DESCANSO PARA EL ALMA

El siete en muchas tradiciones es un número sagrado. En su significado más profundo es la representación de la unión de la Tierra con el Cielo. Y fue justamente hace siete años, cuando me embarqué en un proyecto que sabía que cambiaría mi vida, pero nunca imaginé hasta qué punto. En ese momento, cansada del ajetreo y del ruido de la ciudad, decidí venirme a vivir a este hermoso valle donde tenía mi casa de descanso.

Pensé en un sinnúmero de actividades a las cuales dedicarme para empezar esta nueva etapa, sin embargo, de manera natural la idea de abrir mi casa para que otros pudieran experimentar la paz que yo había obtenido de este lugar se fue imponiendo.

Y así empezó Casa Guangualí, un lugar de sanación y de encuentro… un regalo para el alma.

A lo largo de estos siete años, son muchas las personas que han llegado y que han podido llevarse algo de este espacio en su corazón. La paz que se respira en el valle de Quilimarí, sus cielos infinitamente estrellados y el murmullo del viento entre los árboles, la presencia sanadora y magnética del cuarzo presente de sus cerros y la belleza de la tierra son una invitación constante a encontrarnos con lo esencial de la vida y de nosotros mismos.

Cada rincón de la casa, las cabañas, los cuarzos que guardan todos los rincones, los jardines, el huerto y el resto de las instalaciones han sido cuidadosa y amorosamente pensados para que la magia de Casa Guangualí opere y permita que quienes la visiten se encanten con este lugar, como yo lo hice hace muchos años atrás.

Me siento muy bendecida por los resultados de esta aventura. En este tiempo sé que muchas personas han reconectado consigo mismas luego de estar aquí, que han aprendido de detenerse y escucharse, que han surgido grandes amistades y se han embarcado en sus propios desafíos… y también sé que la gran mayoría quiere volver.

Y nosotros siempre los estaremos esperando.
María Alicia Haeussler Pérez de Arce.

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